En un mundo dominado por el marketing la imagen que transmite una empresa es fundamental y en este sentido no hay nada más importante que el nombre. La denominación de la empresa y de los productos que comercialice serán como la primera impresión al conocer a una persona. Es decir, se trata de su tarjeta de presentación y por lo tanto una parte fundamental de su éxito o su fracaso.
Un buen nombre debe de ser flexible, distintivo, creíble, coherente, notorio evocador, legible, pronunciable, simple y por último, registrable -especialmente cuando se trata de productos y no de empresas-. A la disciplina del marketing encargada de dar nombre comercial a un producto se la conoce como naming, aunque también puede aplicarse a la denominación de la propia compañía.
Porner el nombre a una compañía o un producto no es sencillo y requiere grandes dosis de ingenio, creativa y capacidad de abstracción. Muchas empresas suelen recurrir a servicios de consultoría de naming para sacar al mercado nuevos artículos o para la creación de filiales. Compañías internacionales como Lekicon, NameLab, Nomen e Idiom son las encargadas de ‘dar a luz’ los nombres de los productos que después se utilizarán en todo el mundo. El problema es que sus servicios no son precisamente ‘económicos’ y varían desde los 4.500 hasta los 25.000 euros, unas cantidades que no todo el mundo está en condiciones de afrontar, especialmente si nos referimos a emprendedores.
La alternativa en estos casos es ‘tirar’ de imaginación e idear uno mismo el nombre de su compañía o producto. Evidentemente, un profesional hará un mejor trabajo, tal y como lo haría un contable con nuestras cuentas, pero no siempre es posible contar con uno. En Internet existen algunas herramientas más o menos curiosas que se dedican a juntar términos -generalmente 2.0 o relacionados con el mundo de la tecnología- para dar nombres mas o menos graciosos y generalmente menos acertados, pero pueden ser un buen punto de partida de donde tomar ideas. Se trata de páginas como SugestName, Namimg2 2.0 o Domator
Desde Entrepreneur.com ofrecen una serie de consejos para dar con el mejor nombre siguiendo los pasos que en teoría dan los profesionales en la materia. En este sentido, lo primero que debemos hacer es definir qué queremos comunicar. En el fondo, el nombre de la empresa debería definir o evocar el negocio al que se dedica la compañía o por lo menos los calores que pretende transmitir. Este punto es clave, ya que el resto del proceso partirá de él.
A partir de aquí hay que tener en cuenta factores como el sector al que nos dirigimos -por ejemplo en retail el mercado está tan segmentado que el nombre de evocar rápidamente lo que el cliente busca- y la estrategia de expansión -si pretendemos internacionalizarnos no podemos emplear elementos que delimiten geográficamente el nombre- . En términos generales el nombre debe ser evocador, lo que además sirve para ahorrar explicaciones posteriores.
Diccionarios, herramientas como las anteriormente mencionadas,libros, revistas…. son excelentes fuentes en las que bucear en busca de ideas. Para este proceso siempre es conveniente -por no decir imprescindible- contar con ayuda de familiares y amigos que pueden aportar otra visión del asunto. La idea es ir haciendo propuestas que respondan a lo que queremos comunicar hasta contar con un número razonable (entre 20 y 30) sobre el que trabajar y empezar los descartes.
Cuando hayamos reducido el número de alternativas a cinco -o similar- que realmente sean fáciles de leer y expresen la esencia del negocio llegará el momento de hacer la búsqueda en el registro de marcas. Hay que asegurarse que nuestros nombres no pertenecen ya a otra compañía y, si lo consideramos adecuado, registrar la marca.
El nombre de una empresa es importante porque constituye su carta de presentación, la primera impresión para el cliente, pero si el negocio tiene buenas bases saldrá adelante. Hay infinidad de ejemplos de compañías con nombres desastrosos que hoy en día son líderes de su mercado.
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