La esclavitud del emprendedor: aprender a distribuir tiempo y tareas
Por el 25.03.2009 // 18:44 en General
Si algo tienen en común la mayoría de empresas que están dando sus primeros pasos es la falta de dinero. Acceder a financiación no es fácil pese a las ayudas que ofrece el Gobierno a través de las Líneas ICO-PYME y la actual crisis financiera no hace que la tarea sea precisamente más fácil. La respuesta lógica de muchos emprendedores es perpetuar el estereotipo más clásico del empresario o lo que es lo mismo, suplir esa falta de dinero con una mayor inversión de tiempo siempre que sea posible. A partir de ese momento corre el riesgo de, sin darse cuenta, vivir por y para su empresa, sin apenas tiempo libre para disfrutar de amigos, familia y, si todo marcha bien, del éxito de su empresa.
La mayoría de emprendedores no suelen ser expertos gestores financieros y sus conocimientos sobre contabilidad o fiscalidad también suelen estar limitados. Sin embargo, todavía son pocos los que optan por contratar un profesional para esas tareas. Lo más normal suele ser emplear todo el capital disponible en desarrollar la idea de negocio: procesos productivos, compra de materiales, distribución… De esta forma la mayor parte de la carga administrativa recae sobre el emprendedor o emprendedores. El problema de este sistema de distribución de las tareas termina casi siempre convirtiéndose en una losa porque consume un tiempo precioso que podría dedicarse a otras tareas realmente relacionadas con el negocio.
Al principio las tareas administrativas y contables pueden parecer sencillas e incluso es recomendable que el emprendedor se adentre un poco en ese mundo para tener unos conocimientos generales al respecto, pero conforme avance la empresa ese modelo será cada vez más insostenible por el aumento de la carga de trabajo. Al final un día tiene 24 horas y por mucha dedicación que se tenga llega un momento en el que hay que buscar ayuda, aunque esto implique tener que desviar parte de los fondos a tareas ajenas al propio desarrollo del negocio. Pocos emprendedores aceptan este cambio ‘de buenas a primeras’ y sólo claudican cuando realmente se ven obligados a ello por falta de tiempo físico. Sin embargo, esperar tanto no siempre es la mejor opción.
Evidentemente durante los primeros pasos de cualquier compañía el dinero puede suponer un problema por su escasez, mientras que el tiempo, aunque también limitado (el día sólo tiene 24 horas) es un recurso más accesible Pero hay que tener cuidado con perpetuar este esquema y aprender a valorar el tiempo en su justa medida. Un método para saber cuánto vale nuestro tiempo pasa por seguir el mismo proceso que se lleva a cabo para establecer el precio del producto o servicio que la empresa comercialice. En este caso no hay materiales físicos con los que establecer un coste, pero sí se puede estimar la productividad de una hora de trabajo. Una vez se sabe cuánto cuesta una hora nuestro trabajo se puede empezar a comparar con el coste, por ejemplo, de subcontratar la parte administrativa o de realizar tareas ‘adyacentes’ al negocio. Llevado a un extremo, incluso se puede utilizar para determinar si ‘compensa’ económicamente tomarse un respiro por lo menos unas horas al día. Y es que otro de los males del empresario es que muchos terminan viviendo para trabajar y no trabajando para vivir. Es decir, esclavos de su propio sueño.
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